Tocando la fibra

Tocando la fibra

Si nos sentáramos delante de nuestro armario, seguramente haríamos una lista larguísima de las fibras que componen nuestra ropa. Para empezar, una sola prenda ya tiene entre cinco y seis, contando las fornituras, el hilo con que se ha confeccionado, la materia prima de la tela utilizada y las etiquetas. Y es que cualquier prenda textil es un pequeño mundo de historia.

Las fibras textiles se clasifican en tres grandes grupos: las fibras naturales, las artificiales y las sintéticas. Al igual que ya hiciéramos con el algodón y sus curiosidades, nuestro post de esta semana mira hacia estas últimas y vamos a desgranar su procedencia y sus curiosidades, que no son pocas.

Las fibras sintéticas nacieron hace unos cien años, aunque se datan los primeros intentos de fabricación hace doscientos. Muchos de aquellos primeros ensayos intentaban dar luz a una fibra que pudiera sustituir a la seda china y paliar algunos problemas que tenían las fibras naturales, como las polillas, el desgaste o las arrugas.

Como consecuencia, nacieron los primeros hilos de poliéster y nylon entre otros, obtenidos por un proceso a partir de derivados del petróleo. Como apunte curioso, hay que decir que se cree que el nombre de nylon proviene de las iniciales de las ciudades de New York (NY) y Londres (LON). Durante muchos años, también se le llamó la fibra milagrosa por sus propiedades.

Pero no fue todo gloria para este descubrimiento. Con el tiempo fueron apareciendo algunas desventajas, así que los científicos aprendieron de ellas para ir evolucionando en su desarrollo y aplicación. Finalmente se obtuvo una fibra económica, versátil y resistente. Los hilos sintéticos se abrieron paso entre las fibras naturales y se instauraron como una magnífica opción.

Es posible que la próxima vez que leamos una etiqueta de composición, pensemos en todo esto y veamos con otros ojos todo aquello que no sea algodón. Porque una fibra sintética de calidad también puede estar repleta de virtudes.

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