La revolución textil valenciana

La revolución textil valenciana

Si buscamos información acerca de las primeras nociones del textil en la historia de la humanidad, nos encontramos que ya en la Edad de Piedra había unos primeros indicios. Se cree que el hombre prehistórico llegó a fabricar sus propios hilos con fibras animales y vegetales, como el lino, la seda o la lana y cambió las pesadas pieles por materias hechas con hilos entrecruzados y muy apretados.

Pero, vamos a centrarnos en la época que realmente queremos indagar: el siglo XVIII. Fue entonces cuando la industria textil, ya establecida previamente como tal, comenzó a conocer sus mayores innovaciones técnicas, que fueron realizadas por artesanos sin especiales conocimientos científicos. No olvidemos que estamos en plena Revolución Industrial.

El primer invento fue la lanzadera volante, en 1733 concebida por John Kay. Le siguió la maquina hiladora en 1764, pero el paso más importante fue la puesta en marcha de los primeros telares mecánicos movidos con máquinas de vapor. Un sacerdote estudiante en Oxford, Edmund Cartwright, lo patentó en 1785. Quince años más tarde Joseph Jacquard creó el telar con estampación, un telar mecánico que podía decorar las telas con diferentes dibujos gracias a unas tarjetas perforadas. Hoy este tipo de telares sigue llevando su nombre.

Estos datos nos acercan a la mecanización del proceso, que inicialmente se hacía de forma manual en pequeños talleres familiares. Las raíces de la industria textil valenciana están ligadas a estas actividades preindustriales. La pañería y la sedería en nuestra tierra fueron sectores básicos hasta finales del siglo XIX, que se extendieron desde la ciudad de Valencia y evolucionaron gracias a empresas situadas en Morella, Enguera, Bocairent, Ontinyent y Alcoi, que pusieron sus objetivos en los mercados de Castilla La Mancha, Madrid, Murcia Andalucía y, más adelante, el mercado americano.

La llegada del ferrocarril y la electricidad permitieron la generalización de la concentración productiva, promoviendo otros centros de trabajo en localidades cercanas y adquiriendo nuevas especializaciones, como la introducción de fibras sintéticas. Después de la crisis de 1958, cambios ligados a la emigración, el crecimiento del turismo y la importación de capitales repercutieron en el textil valenciano. Las viejas técnicas fueron quedando en el olvido, y el entramado empresarial fundado entre Alcoi y Ontinyent permitió dar un paso hacia el textil-hogar.

Hoy el textil sigue siendo un sector dinámico, abierto a la investigación y al desarrollo y que continua estrechamente ligado a la evolución del ser humano, a sus objetivos y necesidades, a su capacidad de crecimiento y superación. Así que cuando toquemos un tejido, deberíamos pensar que estamos tocando la piel de nuestra historia.

 

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