Navidad: ¡Cómo hemos cambiado!

Navidad: ¡Cómo hemos cambiado!

Quién no recuerda las navidades de su infancia… y qué distinto era todo. La tradición se mantiene, pero va cambiando nuestra manera de entenderla y demostrarla.

Aquellas cajas repletas de bolas brillantes y largas tiras de espumillón que se colgaban hasta en los cuadros del pasillo… y el belén, imprescindible y cuanto más grande y mecánico, mejor.

El árbol de navidad era el epicentro de la casa, con sus parpadeantes luces de colores compitiendo con el brillo metálico de los adornos. Aunque el portal siempre fue la verdadera atracción de los curiosos que nos visitaban. Los más detallistas y apasionados convertían aquella escena en un maravilloso poblado en miniatura. Con el tiempo, el árbol ha cambiado y el belén tiene más versiones.

Ahora nuestro abeto puede ser verde, blanco, rojo, dorado o incluso con luces en las mismas briznas de las ramas. Las esferas metalizadas han dado paso a las estrellas de madera, los ángeles vestidos de cuerda y los animales de cartón reciclado.

El belén tiene la misma esencia, pero ha crecido en muchas direcciones. Porque podemos encontrar figuras barrocas, de alambre, de tela o de cristal. Pero sigue teniendo mucha fuerza aquel montaje titánico con el molino de agua, la lucecita naranja imitando el fuego y el despliegue de piedrecitas, palitos, musgo y arena para simular los suelos de tiempos bíblicos.

En la puerta podemos ver todo tipo de coronas, ya sean de frutas desecadas como de acebo y pino. Todas con toques brillantes para estar en consonancia con el resto de los adornos. Incluso algunas más divertidas, con peluches o mensajes bordados en tela. Imaginación al servicio de la navidad.

Hasta poner la mesa para las reuniones familiares tiene su propia idiosincrasia. Manteles y servilletas con motivos nórdicos y polares, copas talladas con toques dorados y candelabros o porta velas en los pequeños espacios libres junto a un centro de flores reinado por la poinsettia, más comúnmente conocida como flor de pascua.

Todo preparado para vivir momentos especiales con aquellos a quienes queremos, para contar anécdotas y comprobar cómo han crecido los más pequeños, para cuchichear sobre los regalos, para extrañar a quienes ya no están, para redescubrirse en la cocina, para reír a merced del vino y la compañía.

No dejéis de ser felices. No dejéis de disfrutarla.

Feliz Navidad.

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