El olor de un día cualquiera

El olor de un día cualquiera

Muchas veces, los olores pueden llegar a ser mensajeros de nuestros recuerdos. No es extraño relacionar un determinado olor con una imagen o un acontecimiento de nuestro pasado. Más bien, es algo bastante habitual. Y es que, de nuestros cinco sentidos, el del olfato es a nivel sensorial uno de los más intensos.

Esencia, fragancia, perfume, agua de colonia, crema perfumada… hay un sinfín de opciones para poner sobre nuestra piel un olor que, de entrada, nos debe gustar a nosotros. Por lo tanto, debe hacernos pensar que puede evocar una sensación agradable en quienes estén a nuestro alrededor. Pues bien, en nuestra casa sucede exactamente lo mismo.

Nos gusta que nuestro hogar huela bien, que nos transmita serenidad y aporte un toque acogedor. Sin embargo, mantener ese equilibrio olfativo es realmente complicado. Por eso debemos escoger el aroma que más nos guste y potenciarlo en los puntos donde más se necesita. La casa tiene su propio olor, por la madera de los muebles, las telas de las cortinas y las prendas de decoración, la ropa recién lavada o nuestro gel de ducha. El perfume de una casa está lleno de matices. ¿Cómo hacer brillar los mejores de ellos?

Las flores son una opción maravillosa. Son naturales y bonitas. Tienen luz propia y evocan directamente la imagen de un jardín. Algunas carecen de intensidad en su olor, pero tienen ese tinte genuino que nos hace saber de inmediato que hay un ramo cerca de donde estamos.

Pero si buscamos algo más duradero, debemos meternos de lleno en el mundo de las fragancias para el hogar. Se han alzado como un complemento más de cualquier estancia. Su evolución en el mercado ha sido trepidante y hemos pasado de los meros ambientadores a las gamas completas de esencias según la estancia donde las vayamos a utilizar.

Así, podremos encontrar desde la frescura de los toques florales hasta la suntuosidad del sándalo. Desde la comodidad de un mikado que emane notas de musgo hasta los sprays para pulverizar nuestra cama con esencias relajantes. Desde velas antitabaco hasta difusores eléctricos. Todo pensado para hacernos sentir bien, porque buena parte de nuestra memoria es olfativa y guarda registros de todo aquello que pasa por nuestra nariz.

Hay todo un mundo detrás del sentido del olfato. Y no huele nada mal.

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