De color y pólvora

De color y pólvora

Dice la historia que la pólvora la inventaron los chinos, pero más bien se la encontraron por accidente. Fue buscando el “Elixir de la vida”, una supuesta panacea universal que curaría todos los males y que ya preparaba una liebre blanca en la Luna según la mitología del este asiático. Esta leyenda perdió credibilidad con el nacimiento del budismo y su fundamento sobre la inmortalidad.

Parece que, de la medicina, la pólvora saltó a las artes bélicas por sus propiedades y en el siglo XIII los chinos ya fabricaron sus primeros cohetes para la conquista de Japón. Las corrientes de los alquimistas la llevaron hacia otros países, llegando a Europa a través de España y la rica cultura científica de Al-Andalus, alimentada por la ciencia árabe.

Ayer y hoy

Pero hoy nuestro concepto de la pólvora está ligado a todo lo festivo, quedando lejos de aquellas curiosas historias. Y ya que estamos en la tierra de la luz y del color, qué mejor momento para hablar de ese derroche de pólvora que brindan las Fallas de Valencia todos los años.

Porque la pirotecnia es una de las artes más complicadas. Al igual que para crear un tejido, hay que pensar en el color, en el efecto final, en su acogida y en que sepa alcanzar todas las expectativas. Junto al arte fallero, la pólvora es un ingrediente indispensable en estas fiestas.

Hay que vibrar en una mascletá para entender su verdadero poder, para presenciar como una multitud estalla en un aplauso arrancado por la adrenalina y la emoción que es capaz de contagiar. Hay que presenciar un castillo de fuegos artificiales en los días previos a la Cremá, para entender el arduo trabajo que lleva ser capaz de intuir cómo va a explotar el color sobre el negro de la noche, la forma que va adquirir y el ritmo que debe mantener con el resto del conjunto.

Y para hacer todo eso, hay que ser un genio, un auténtico artista. Tanto como para crear un monumento fallero y que queme como se ha decidido que lo haga, dominando hasta la virulencia del fuego. Tanto como para diseñar y tejer un espolín, vistiendo y acompañando el orgullo de una fallera.

Poco podrían imaginar los chinos cuánto nos han regalado con su descubrimiento, dejándolo mucho más cerca de la celebración que del miedo y la guerra.

Así que…. “Senyor pirotècnic: pot començar la Mascletà!”

 

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