Alfombras a tus pies
Alfombras a tus pies

Alfombras a tus pies

Las alfombras son, sin duda, protagonistas con la llegada del otoño. Vestir el suelo de nuestra casa tiene dos finalidades bien distintas: aislar el frío y realzar espacios. Es muy posible que en un primer momento pensemos en su lado estético, pero con el uso nos damos cuenta de que son unas fantásticas aliadas para el placer y el bienestar de nuestros pies. Hoy son un elemento de decoración imprescindible en cualquier proyecto. Poner alfombras a tus pies está lleno de ventajas. Y de historia.

Aunque en su origen las alfombras tenían como función principal resguardarse de la humedad y el frío, no fue hasta el año V a.c. cuando se les empezó a considerar un objeto de decoración. Se cree que las primeras esteras se fabricaron hace unos treinta mil años y que, junto con alfombras hechas de pieles de animales, ayudaban a protegerse de las gélidas temperaturas del invierno.

Las ricas culturas del Mediterráneo, concretamente en Babilonia, hicieron de la fabricación de alfombras un arte, que fue muy bien considerado entre las grandes dinastías para engalanar tumbas y palacios. Nuestro país fue el primer país europeo que importó las conocidas alfombras persas en la Edad Media y nos convertimos, además, en un país fabricante de tapices y moquetas.

Pero actualmente los suelos ya no son como antes. Ni las alfombras. Con el paso del tiempo hemos sabido sacar el máximo provecho a su uso y a sus cualidades. Han encajado perfectamente en el mundo de la decoración, pudiéndose adaptar a las últimas tendencias sin problemas. Además, pueden delimitar zonas en grandes espacios diáfanos y aportar un toque de color donde se necesita.

De lana, yute, coco, vinilo, bambú, viscosa, acrílicas incluso de goma reciclada, las alfombras tienen su propio mundo de texturas, su colección de tacto. No hay límite para su forma, color o tamaño. Invitan al relax y emanan calidez. Son elegantes y siempre diferentes porque no hay dos casas iguales. Poner alfombras a tus pies es, posiblemente, una estupenda forma de esperar el invierno.

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